Por: Américo Solis
Anoche quedó comprobado que, si no pateas al arco y no juegas más dentro del área, difícilmente podrás sacar un partido a tu favor. Perú lo entendió bien frente a Bolivia y anotó en tres oportunidades con goles de buena factura, en los que se notó el esfuerzo conjunto por vulnerar el arco de Viscarra.
Los críticos de Paolo Guerrero tuvieron que enmudecer tras su buen desempeño. A sus casi 42 años, estuvo a la altura del nivel requerido hasta que el técnico Jorge Ibáñez decidió reemplazarlo en el segundo tiempo.
El primer tiempo fue de total dominio para la selección nacional. Sin embargo, en la segunda mitad, el equipo permitió que Bolivia se adelantara en el campo, buscando espacios para generar peligro.
A diferencia de otros encuentros, ningún jugador desentonó. Si bien Carrillo fue una pieza clave en el esquema bicolor, cada integrante del equipo cumplió a cabalidad la tarea encomendada por el comando técnico. Además, no se notó la improvisación que era habitual en la era de Fossati, quien no dejó la dirección técnica cuando debió hacerlo. De haber tomado esa decisión a tiempo, hoy estaríamos en mejores condiciones.
Los cambios fueron oportunos y acertados. Prueba de ello fue el gol de «Oreja» Flores, que selló el marcador y nos dio la tranquilidad de que el triunfo no se escaparía.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que jugamos de local. Es cierto que en más de una ocasión hemos perdido en casa, pero esta vez no fue así. Ahora toca enfrentar a Venezuela con la esperanza de seguir sumando y mantener viva la ilusión de llegar al Mundial de Estados Unidos. La selección cuenta con juventud, técnica y disciplina, tres factores clave para encaminarse hacia la clasificación y darle una alegría a toda la hinchada.

















