El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la Semana Santa de Contumazá, mediante la Resolución Viceministerial N.° 000008-2026-VMPCIC/MC, en reconocimiento a su valor histórico y por constituir una festividad de profunda fe religiosa e identidad cultural de la provincia de Contumazá, en la región Cajamarca.
La Semana Santa constituye un periodo sagrado en el que se conmemoran los últimos días de Jesucristo antes de su muerte en la cruz: su entrada triunfal a Jerusalén, la Última Cena, la crucifixión y la resurrección. En la provincia de Contumazá, cada uno de estos episodios es recordado con especial énfasis y una notable complejidad ritual, lo que convierte a esta celebración no solo en una expresión de fe religiosa, sino también en una manifestación de la diversidad cultural.
Esta festividad se caracteriza por su singularidad y duración, pues las celebraciones se inician antes del Domingo de Ramos y se extienden hasta la semana posterior al Sábado de Gloria. Durante este periodo se desarrollan actividades litúrgicas diarias, cada una dedicada a una imagen religiosa distinta, con la participación activa de la población.
Uno de los rasgos más destacados de la Semana Santa de Contumazá es su organización. Si bien las celebraciones litúrgicas corresponden a la Iglesia, la planificación y ejecución de las actividades devocionales y procesionales recaen principalmente en las hermandades, que conforman y organizan esta tradicional celebración.
Estas agrupaciones, integradas por miembros de la comunidad, asumen de manera voluntaria diversas responsabilidades, entre ellas la organización de los actos rituales, la coordinación de actividades de confraternidad y la gestión de la participación de esclavos y penitentes, quienes cumplen roles fundamentales en las procesiones y rituales.
Las celebraciones se inician el Viernes de Dolores, cuando la imagen de la Virgen María recorre las calles con el corazón atravesado por siete puñales. El Domingo de Ramos comienza en la gruta de la Virgen de Fátima, desde donde parte la procesión que representa la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
Las actividades continúan el lunes, martes y miércoles santos, dedicadas al Señor del Huerto, al Señor de la Humildad y Paciencia, y a Jesús Nazareno, respectivamente. Esta última imagen ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Nación.
El Jueves Santo se conmemora la Institución de la Eucaristía, seguida de la adoración al Santísimo Sacramento y la procesión del Señor de la Expiración. El Viernes Santo se inicia con la oración de la Hermandad del Santo Sepulcro y la escenificación del Vía Crucis, que culmina en el cerro El Calvario. Por la tarde se realiza el desclavamiento y la procesión del Señor del Santo Sepulcro.
Uno de los actos más singulares ocurre en la medianoche del Jueves y Viernes Santo, cuando los penitentes de tabla recorren en silencio las calles hasta el cementerio, cargando pesadas tablas y arrastrando barretas atadas a los pies. Este acto penitencial, íntimo y solemne, constituye uno de los sellos distintivos de la Semana Santa de Contumazá.
El sábado de Gloria marca el tránsito hacia la alegría pascual con la bajada y procesión de la imagen de Cristo Resucitado, acompañada de cantos, aleluyas y fuegos artificiales. Posteriormente, la festividad continúa con la denominada Semana Santa Chica, dedicada a los niños.
La música sacra cumple un rol protagónico al acompañar las procesiones con un ritmo lento y solemne que refuerza el recogimiento espiritual. Asimismo, la gastronomía tradicional mantiene plena vigencia, destacando preparaciones como la sopa teóloga, los doce potajes y el postre emblemático de miel con quesillo.


















