La memoria de los años escolares permanece intacta cuando se evocan las experiencias que marcaron la adolescencia, las amistades que perduraron con el tiempo y las enseñanzas que acompañaron el camino hacia la vida adulta. Para Josué Ángel Molina Gomez, integrante de la promoción 1980 Nery Garcia Zárate del emblemático colegio Mariscal Cáceres de Ayacucho, regresar a esos recuerdos significa reencontrarse con una etapa fundamental de su historia personal.
En una conversación con Josué Molina, mi compañero de aula en la primaria, compartió pasajes de su vida escolar, las anécdotas vividas junto a los amigos, las experiencias de una ciudad golpeada por la violencia y el rumbo que tomó su vida después de culminar la secundaria.
Al recordar el colegio Mariscal Cáceres, José Ángel Molina destacó la importancia de la amistad, la sinceridad, el compañerismo y el respeto como parte de las experiencias que marcaron su formación. Los nombres de Alejandro, Oswaldo, Barbarán y otros integrantes de su entorno escolar aparecieron durante la conversación como parte de una memoria construida entre las aulas y las calles de la ciudad.
Para él, aquellos años representan una etapa de aprendizaje que trascendió los conocimientos académicos y contribuyó a fortalecer valores que, según expresó, continúa practicando en su vida cotidiana. El reencuentro con sus compañeros de la promoción 1982 también le permite reconocer la importancia de conservar esos vínculos después de varias décadas.
Las fotografías escolares, las conversaciones y las anécdotas compartidas constituyen una forma de mantener presente una historia común que comenzó durante la adolescencia. Entre los recuerdos que despertaron mayor emoción durante la entrevista figura la amistad con Edgar Hurtado, compañero de quien conserva una especial evocación.
Josué, recordó los encuentros en el vecindario y los recorridos por las calles de Huamanga, cuando la circulación de vehículos era menor y los niños podían jugar en los espacios próximos a sus viviendas. La conversación permitió reconstruir parte de la vida urbana de aquella época, con referencias a las avenidas y calles que formaban parte de las rutas habituales de los estudiantes y de los espacios donde se desarrollaba la vida comunitaria.
La memoria de la promoción 1980 también está vinculada a uno de los periodos más difíciles de la historia contemporánea de Ayacucho. pues durante sus años de secundaria, la violencia terrorista comenzó a afectar de manera directa la vida cotidiana de la ciudad.
En su testimonio, evocó el temor que sentían los estudiantes, quienes tenían aproximadamente 13 o 14 años, ante los atentados y los episodios de violencia que se registraban en el entorno urbano. Las noches estaban marcadas por la preocupación y la necesidad de regresar temprano a casa para cumplir con las tareas escolares antes de las restricciones de circulación.
Más allá de las situaciones particulares, la experiencia los Boy Scouts forma parte de los recuerdos que conserva de su adolescencia, las caminatas, la convivencia y las actividades al aire libre constituyen episodios que, al evocarlos en la actualidad, le permiten reencontrarse con una etapa de descubrimientos y aprendizaje compartido.
Después de culminar la secundaria, José Ángel Molina Gomez tomó un rumbo distinto al de otras posibles alternativas de formación que había considerado. Según relató, su acercamiento al mundo de los negocios se produjo de manera progresiva, influido por el entorno familiar y por la experiencia de su padre. Su incorporación a esta actividad no fue inmediata, sino un proceso de aprendizaje que le permitió conocer diferentes aspectos del negocio y familiarizarse gradualmente con sus dinámicas.
Durante la conversación también recordó una característica de su etapa escolar: la costumbre de llevar maletines que elegía entre los que encontraba en el entorno familiar. Esta anécdota, que sus compañeros asociaban con una imagen de orden y formalidad, quedó como una de las particularidades que aún recuerdan de aquellos años.
Josué Molina Gomez, es casado y es padre de cuatro hijos: dos varones y dos mujeres. Por quienes expresó satisfacción por el desarrollo académico y profesional de sus hijos, quienes han seguido diferentes caminos de formación, La formación de sus hijos ocupa un lugar importante en su relato familiar, sus avances académicos reflejan los distintos proyectos personales que cada uno viene desarrollando y constituyen uno de los aspectos que compartió con especial interés durante la conversación.
El amigo y compañero escolar, siente el orgullo por Huamanga, ciudad a la que recuerda por sus paisajes, su diversidad climática y las características que forman parte de su identidad. Su testimonio refleja la conexión que conserva con el lugar donde nació y creció, así como el deseo de que la ciudad continúe desarrollándose.
Para los integrantes de la promoción 1980 del colegio Mariscal Cáceres, el reencuentro representa una oportunidad para recuperar recuerdos, reconocer los caminos recorridos y mantener el compañerismo que nació durante la adolescencia.
La historia de José Ángel Molina Gomez reúne, así, distintas dimensiones de una trayectoria personal: la formación escolar, la influencia familiar, su incorporación al mundo de los negocios, la vida familiar y el arraigo a Ayacucho. Sobre todas ellas permanece un elemento común: el valor de los recuerdos y de las relaciones humanas que, pese al tiempo y la distancia, siguen acompañando a quienes compartieron una misma etapa de vida.
Un abrazo recordado amigo de la infancia, donde compartimos las aulas del emblemático Mariscal Cáceres.

















