Por: Adán Ríos Delgado – Magister en Gestión Pública
Hace poco se aprobó la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (POLCTI) al 2030, la hoja de ruta para posicionar al Perú como un país competitivo y sostenible teniendo como elemento central la generación del conocimiento y la innovación.
El documento parte de una premisa clara: existen «insuficientes capacidades científicas, tecnológicas y de innovación para el desarrollo general y sostenible del país», realidad que poco ha cambia-do desde que se publicó la primera política en el 2016.
La POLCTI plantea objetivos claros: fortalecer la institucionalidad del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SINACTI), fomentar la apropiación social de la ciencia entre la ciudadanía, incrementar el capital humano altamente especializado, alinear la generación de conocimiento con las prioridades nacionales, entre otros.
Sin embargo, uno de sus mayores retos pasa inadvertido: alcanzar una inversión en CTI del 1% del PBI al 2030. Es decir, en el próximo lustro, el país deberá aumentar esfuerzos públicos y privados para llegar a estándares internacionales. Hoy solo alcanzamos el 0.16%, uno de los más bajos de la región.
Al próximo gobierno le corresponderá continuar con este plan. Pero debemos reconocer que a lo largo de nuestra historia pocos gobiernos le han dado importancia a la ciencia. Solo desde el gobierno de Ollanta Humala, con la Dra. Gisella Orjeda a la cabeza, se ejecutaron políticas cuyos frutos aún se perciben.
Los gobiernos siguientes intentaron continuar ese ca-mino, pero la inestabilidad política y los recortes presupuestales frustraron muchos esfuerzos.
La pandemia del covid-19 en el 2020 mostró que los cien-tíficos peruanos, a pesar de las carencias, respondieron a los desafíos: convocados por la Dra. Fabiola León-Velarde desde Concytec, desarrollaron pruebas rápidas, telas protectoras y respiradores artificiales. Aquella visibilidad mediática llevó a que la opinión pública debata si era mejor reforzar Concytec o crear un Ministerio de Ciencia. Incluso, algunos partidos incorpora-ron a la ciencia en sus planes de gobierno y científicos en sus filas.
El gobierno de Boluarte zanjó el debate al optar por fortalecer el SINACTI y aprobar la POLCTI al 2030 formulada inicialmente por el Dr. Benjamín Marticorena; se encargó su implementación al Dr. Sixto Sánchez.
A un lustro de la crisis sanitaria, el entusiasmo público se ha disipado. La pregunta es si los próximos candidatos volverán a levantar la bandera de la CTI.
Mientras tanto, ahí está la POLCTI al 2030: un documento vigente y estratégico que busca que el Perú empiece a competir con los países del primer mundo con base en la CTI. Porque sin ciencia no hay desarrollo. Y sin desarrollo no hay futuro.

















