Por: Jaime Bautista
Hay recuerdos que permanecen intactos pese al paso de los años. Basta mencionar el nombre de un maestro, recordar una travesura o evocar el rostro de un antiguo compañero para regresar, por unos instantes, a las aulas donde comenzó a escribirse una historia personal.
En esta ocasión, recogemos el relato de otro compañero de la primaria, Withman Grover Yalle Guillén, ingeniero químico y civil, actual gerente operacional de la Entidad Prestadora de Servicios de Saneamiento Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Ayacucho S. A. (SEDA Ayacucho), evoca su paso por el colegio Mariscal Cáceres para reconstruir una etapa decisiva de su vida personal.
A más de cuatro décadas de aquellas experiencias, los recuerdos de la promoción Nery García Zárate siguen presentes en su memoria. Los nombres de sus compañeros, las ocurrencias dentro del salón y las enseñanzas de sus profesores aparecen en una conversación que permite conocer no solo al profesional, sino también al estudiante que alguna vez compartió juegos, inquietudes y aventuras con sus amigos.
La vida estudiantil también estuvo marcada por el fútbol, las carreras y las competencias improvisadas. Entre los recuerdos más cotidianos aparecen las salidas con sus compañeros para realizar ejercicios en una barra y reunir algunas apuestas con las que después compraban alimentos en un kiosko del colegio. Eran momentos sencillos que, con el paso del tiempo, adquirieron el valor de experiencias compartidas y vínculos que perduraron más allá de las aulas.
El maestro que dejó huella
Entre las figuras que marcaron su formación destaca el profesor Marino Cárdenas, a quien recuerda por su particular manera de enseñar y por la influencia que ejerció en sus alumnos. Su presencia forma parte de los recuerdos más significativos de la primaria y de una generación que conserva en la memoria a quienes contribuyeron a su educación.
Una de las escenas más emotivas que evoca ocurrió cuando falleció la madre de uno de sus compañeros. Ante aquella pérdida, el profesor promovió una actividad en la que los estudiantes interpretaron canciones para acompañar al alumno afectado. La tristeza compartida y el gesto de solidaridad quedaron grabados en la memoria de Yalle Guillén, como testimonio de una etapa en la que la amistad también se expresaba mediante el acompañamiento en los momentos difíciles, como de aquella canción titulado «Todos tienen una madre».
Otro recuerdo significativo corresponde a su participación en un concurso de ortografía quedando clasificado y participado con otros del colegio Luis Carranza, durante la primaria. Según relata, obtuvo el primer puesto y el resultado fue publicado en un periódico. Aquella experiencia reforzó su valoración por la escritura, la ortografía y la caligrafía, habilidades que, continuaron siendo útiles durante su vida adulta.
La música, una herencia familiar
La formación de Yalle Guillén también estuvo influenciada por la tradición musical de su familia. Su padre, el profesor Yalle, además de dedicarse a la docencia, fue músico y participó en la fundación de la tuna de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, junto con otros estudiantes de su época.
Bajo esa influencia, Withman estudió violín durante aproximadamente cinco años. La experiencia le permitió acercarse a una tradición cultural profundamente arraigada en Ayacucho, donde las reuniones familiares y sociales solían acompañarse con instrumentos como la guitarra, el violín y la mandolina.
Sin embargo, su traslado a Chincha para culminar la secundaria modificó sus rutinas. El fútbol y otras actividades juveniles fueron ocupando progresivamente el lugar que antes dedicaba a la música. A pesar de ello, la experiencia musical permaneció como parte de su formación personal y del legado cultural recibido de su padre.
Yalle Guillén cursó los primeros años de secundaria en el colegio Mariscal Cáceres y completó el cuarto y quinto año en el colegio José Pardo y Barreda, en Chincha. Desde su experiencia, la formación académica del Mariscal se caracterizaba por una exigencia considerable, que lo obligaba a dedicar un esfuerzo constante al estudio.
De las aulas universitarias a la gestión del saneamiento
En 1988, regresó a Ayacucho para iniciar sus estudios de Ingeniería Química en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Posteriormente, su trayectoria académica y profesional también incorporó la Ingeniería Civil, campos que forman parte de su perfil técnico.
Su experiencia laboral lo llevó a participar en actividades vinculadas con la ejecución de obras y la gestión operativa. Durante los cinco años anteriores a su reciente retorno a Huamanga, trabajó en el VRAEM, etapa en la que también tuvo la oportunidad de encontrarse con antiguos compañeros que desarrollaban sus propias carreras profesionales.
Actualmente, como gerente operacional de SEDA Ayacucho, desempeña funciones relacionadas con la gestión de una entidad responsable de servicios esenciales para la población. Su recorrido profesional contrasta con aquellas primeras experiencias escolares, aunque conserva un vínculo con los valores y aprendizajes adquiridos durante su formación. La disciplina, el esfuerzo académico y la influencia de sus maestros forman parte de la historia que acompaña su trayectoria.
Una promoción unida por la memoria
Después de aproximadamente 44 años, según sus recuerdos, los reencuentros con antiguos compañeros han permitido recuperar historias, reconocer trayectorias y recordar a quienes ya no están. Las anécdotas compartidas revelan que la identidad de una promoción se construye tanto con los logros profesionales como con las experiencias que marcaron la convivencia escolar.
Para Yalle Guillén, recordar el colegio Mariscal Cáceres significa volver a una etapa en la que la amistad se construía entre juegos, travesuras, competencias y aprendizajes cotidianos. Es también una oportunidad para reconocer la influencia de los maestros y la importancia de los vínculos que perduran a pesar del tiempo y la distancia.
Su testimonio conecta dos momentos de una misma historia, el estudiante que recorría las aulas y las canchas junto a sus compañeros, y el profesional que hoy asume responsabilidades en el sector del saneamiento de Ayacucho.
Más de cuatro décadas después, aquellos recuerdos mantienen su vigencia. Porque detrás de cada trayectoria profesional existe una historia de formación, familia, amistad y aprendizaje; una historia que, en el caso de Withman Grover Yalle Guillén, continúa enlazada con las aulas del Mariscal Cáceres y con una generación que se resiste a olvidar sus raíces


















