En un acto de memoria, justicia y reparación, el Ministerio Público realizó la entrega digna de 33 restos óseos humanos y elementos asociados, pertenecientes a víctimas del periodo de violencia ocurrido entre 1980 y 2000. La ceremonia se desarrolló en la Basílica Catedral de Santa María de Ayacucho y permitió que sus familiares recibieran los restos de sus seres queridos para brindarles una sepultura conforme a sus costumbres, después de aproximadamente 40 años de espera.
La diligencia fue organizada por la Primera y Cuarta Fiscalías Penales Supraprovinciales Especializadas en Derechos Humanos y Contra el Terrorismo de Ayacucho, junto al Equipo Forense Especializado. Participaron autoridades del Ministerio Público, entre ellas Fritz Elías Espinoza Landeo, Daniel Alberto Jara Espinoza y Augusto Mauricio Cabero Rojas, además de representantes del Ministerio de Justicia, la Defensoría del Pueblo y organizaciones de derechos humanos.
Entre los casos atendidos figuran hechos de violencia registrados en las provincias de Fajardo, Huamanga, La Mar y Huanta, como las incursiones militares de agosto de 1984 en Tinca, Huamanquiquia y Nazareth de Uchu, así como las muertes de comuneros y menores de edad en diferentes localidades. También se incluyeron casos de víctimas de ejecuciones atribuidas a integrantes de las Fuerzas Armadas y de la Marina de Guerra del Perú.
Asimismo, se logró la identificación y restitución de víctimas de crímenes atribuidos a la organización terrorista Sendero Luminoso, entre ellas integrantes de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Anchihuay, asesinados en septiembre de 1991 en el cerro Calvario, distrito de Anco, y los menores Hermelinda Tello Guzmán y Raúl Calderón Salas, fallecidos tras permanecer cautivos durante las denominadas retiradas forzosas en el actual distrito de Oronccoy.
Los ataúdes con los restos óseos y elementos asociados fueron entregados a sus respectivos familiares, quienes recibieron acompañamiento socioemocional de instituciones como la Red de Salud Huamanga, la Cruz Roja Peruana y el Centro Loyola Ayacucho. La ceremonia representó un paso importante en el proceso de verdad, memoria y reparación para las familias que durante décadas buscaron a sus seres queridos y que finalmente podrán brindarles una despedida y sepultura dignas.

















