Por: Américo Solis
Quizás hubiera deseado ser despedido con besos al aire, un gesto común en el Ejecutivo, pero no fue así. Finalmente, el Congreso cumplió con su tarea de censurar al ministro del Interior, Juan José Santiváñez Antúnez, por no haber contribuido de manera efectiva en la lucha contra la criminalidad, el sicariato y la extorsión que nos tienen cercados. A pesar del supuesto éxito que él mismo le atribuía a su trabajo frente al Ministerio del Interior, lo cierto es que en las últimas semanas Santiváñez tuvo más desatinos que aciertos.
En mi carrera como periodista, conocí a muchos funcionarios que ocuparon el cargo que ahora deja Santiváñez, y ninguno de ellos tuvo el perfil de este ministro que juró el cargo el 16 de mayo de 2024 en reemplazo de Walter Ortiz. Es el funcionario que más ha durado en este despacho, y no necesariamente por ser eficiente en lo que le corresponde como vigilante del libre ejercicio de los derechos y las libertades fundamentales de las personas.
Ahora la pregunta es quién lo reemplazará y si su relevo cambiará en algo el lamentable escenario que hoy vive nuestro país, donde los muertos por arma de fuego, producto de la extorsión y el sicariato, van en aumento día tras día sin que hasta la fecha se avizore una solución efectiva. La presidenta tiene la palabra: o nombra a una persona de su entera confianza, como viene ocurriendo desde que asumió el cargo, quizás un cargo político, como ya ha ocurrido en otros despachos; o nombra a una persona entendida en el tema, como podría ser el coronel Víctor Revoredo Farfán, quien estuvo en La Libertad combatiendo la criminalidad y ahora está como agregado policial en Chile, con funciones asignadas a la Comisión Policial y la Dirección de Asuntos Internacionales.
Lo cierto es que es una decisión complicada para el Ejecutivo, teniendo en cuenta lo que representaba para este poder del Estado Santiváñez, quien contó hasta el último momento con el exagerado e inmerecido apoyo de la mandataria Dina Boluarte.

















