A pesar de que Alfonso López Chau (Ahora Nación) logró posicionar mensajes clave de confrontación, su participación recibió críticas centradas en la forma y en la viabilidad técnica de su discurso.
Fue uno de los candidatos más criticados por leer constantemente sus hojas. Esto le restó naturalidad y conexión emocional con la audiencia, proyectando una imagen de «catedrático rindiendo examen» en lugar de un líder con las ideas interiorizadas. En un debate televisado, la falta de contacto visual suele interpretarse como inseguridad o falta de preparación comunicativa.
Se le señaló por mantener un tono demasiado teórico y académico. Si bien sus propuestas de «reforma estructural» suenan bien en el papel, sus detractores —incluyendo a candidatos como Yonhy Lescano— argumentaron que López Chau no explicó cómo logrará consensos en un Congreso fragmentado, pecando de un idealismo que ignora la «muñeca política» necesaria para gobernar.
Aunque fue agresivo con José Williams, se mostró incómodo y poco reactivo frente a las acusaciones sobre su pasado político y supuestos antecedentes. Su estrategia de defensa se percibió como débil, lo que permitió que sus oponentes instalaran dudas sobre su trayectoria antes de llegar a la academia (UNI).
Su propuesta estrella de derogar «leyes procrimen» fue criticada por ser una solución legalista que no aborda la crisis operativa de la inseguridad (falta de patrulleros, inteligencia y recursos inmediatos). Se le acusó de centrarse en lo legislativo, dejando de lado un plan de acción ejecutivo contundente para los primeros 100 días de gobierno.


















