Por: Américo Solis
Qué partido, qué emoción, qué manera de escribir historia. Hoy Alianza Lima me hizo llorar, aunque les confieso que no soy hincha de este club. No fue por tristeza, sino por orgullo, por esa emoción genuina que a veces despierta el fútbol, cuando un equipo deja todo en la cancha y logra algo grande.
Fue un triunfo frente al Club Talleres de Córdoba que por poco se les va de las manos. Y lo hizo con el sello de dos referentes que, aunque van camino a ser adultos mayores, siguen enseñando lo que es pasión por la camiseta. Paolo Guerrero y Hernán Barcos fueron los protagonistas de una noche inolvidable, demostrando que aún tienen mucho que aportar al equipo que dirige Pipo Gorosito.
Desde el arranque, Alianza salió a imponer condiciones. Paolo, con la chispa encendida, abrió el marcador a los 10 minutos del primer tiempo y luego repitió a los 11 del complemento. Dos goles con la firma de un ídolo que sigue vigente, que no deja de luchar cada balón como si fuera el último, y que para un sector de la prensa puede pasar con facilidad de héroe a villano o viceversa.
En la segunda mitad, Talleres reaccionó. Los cambios del técnico Pablo Horacio Guiñazú le dieron aire a su equipo, que comenzó a presionar con fuerza. Un penal por una falta en el área les permitió descontar, y fue Federico Girotti quien lo convirtió. Con el impulso anímico, llegó el empate tras algunos errores en la defensa íntima, también anotado por el mismo jugador.
La tensión crecía. Alianza perdió el control por momentos y, como ya es costumbre, Carlos Zambrano se complicó solo: jugó al límite, de manera innecesaria, y terminó siendo expulsado por acumulación de tarjetas. El panorama se tornaba oscuro y todo hacía pensar que el empate sería el resultado final.
Pero el fútbol tiene ese toque de locura que lo hace mágico. Cuando el reloj ya agonizaba y las esperanzas parecían desvanecerse, apareció Hernán Barcos. Con ese olfato goleador que nunca pierde, anotó el 3 a 2 en los últimos segundos y desató la locura en la tribuna y en cada casa, donde se gritó con fuerza: ¡Gol, carajo!
Hoy, Alianza Lima nos recordó por qué lo amamos tanto, porque cuando juega con el alma nos regala noches como esta, intensas, vibrantes, inolvidables. Noches que se viven, que se sufren, que se celebran y que, a veces, también nos hacen llorar.
Con este triunfo, el equipo íntimo sumó cuatro puntos y, por ahora, igualó a Sao Paulo, quedando a solo dos del líder Libertad. Sin embargo, ambos equipos recién jugarán el miércoles, y será entonces cuando se definan las posiciones al cierre de la tercera fecha del grupo.


















