Por: Américo Solis
En el Perú el fútbol y el pan con chicharrón tienen algo en común. Ambos despiertan pasiones, pero solo uno nos regala alegrías verdaderas. Mientras la selección nacional nos obliga a hacer recurrir a la calculadora y soñar con la improbable hazaña de llegar al repechaje, el pan con chicharrón y su inseparable tamal ya nos colocaron en la cima del gusto mundial en el torneo virtual de desayunos organizado por el influencer español Ibai Llanos.
El panorama futbolístico está más que claro, aunque algunos periodistas deportivos se empeñen en vendernos la ilusión de la clasificación. La selección debe ganar los dos próximos encuentros frente a Uruguay y Paraguay para alcanzar los 18 puntos que hoy ostenta Venezuela. El problema es el verdugo silencioso, la diferencia de goles. Perú carga con -11, mientras que Venezuela apenas con -4. No alcanza con ganar, hay que golear. ¿De verdad alguien cree en ese milagro que nos pondría en el Mundial de USA 2026?
Y mientras seguimos debatiendo entre la ilusión y la resignación, hay una victoria que sí está al alcance, la de nuestro desayuno. El pan con chicharrón ya nos pone en el top de los paladares internacionales y hoy pelea mano a mano contra la marraqueta con palta, el tradicional desayuno chileno. Una final inesperada, donde la cancha es digital, pero el orgullo es bien real.
Quizá sea tiempo de aceptar que, al menos por ahora, la gloria peruana no se viste de blanquirrojo en un estadio, sino de pan crujiente, carne jugosa y tamal en la mesa. Porque cuando la pelota nos deja con la herida abierta, el chicharrón siempre está listo para darnos la revancha.

















