Por: Américo Solis
El Perú está al nivel de un meme. No es posible que una persona condenada por un delito probado-lavado de activos relacionado con aportes ilícitos a las campañas de 2006 y 2011- pueda hoy estar asilada en Brasil, en lugar de ocupar una celda en una prisión del Perú.
Es un hecho inaudito que, en las narices de las autoridades responsables de su vigilancia, la señora Nadine Heredia, ex primera dama, otrora dueña del Perú por mandato supremo de su cónyuge Ollanta Humala, hoy preso en Barbadillo, se convirtiera en quien decidía muchas cosas durante el gobierno del exmilitar. Y no solo ella. También lo hacían sus familiares, funcionarios y hasta periodistas que se movían en su entorno y que se sentían supremos durante ese periodo gubernamental.
Finalmente, la señora, de quien se informó que se encontraba en una clínica por un delicado estado de salud, tenía como verdadero paradero la embajada de Brasil. Hoy, con seguridad, ya se encuentra refugiada en algún lugar del país que gobierna Lula da Silva, un personaje cercano tanto a Ollanta como a Nadine. Se confirmó que el gobierno le entregó el salvoconducto para Nadine Heredia pueda emprender viaje a Brasil junto con Samin, su hijo menor de 15 años.
Esta bien planeada fuga debe ponernos en alerta. Podría ocurrir algo similar con otras autoridades que hoy atraviesan un trance judicial semejante y a quienes solo les debería esperar la cárcel.
También nos deja una lección. Nada nos cuesta andar derecho. Abusar de un poder efímero para beneficio propio o de un círculo cercano, finalmente, nos lleva al mismo destino que hoy enfrentan personajes como Alejandro Toledo, Pedro Castillo y Ollanta Humala.
Porque debemos entender que, al final, el poder prestado se acaba, pero la justicia, aunque tarde, cobra la factura. Y esa no se paga con asilo.

















