Por: Alberto Moreno Alfaro
Conversaba con un colega periodista argentino sobre la rapidez con que la economía peruana ha logrado mantener su crecimiento y continuar fortaleciendo sus debilidades, gracias a un gobierno que, bajo el liderazgo de la presidenta Dina Boluarte, demuestra carácter y una estrategia que bien podría ser imitada por otros países. “Lo sorprendente —me decía— es cómo, pese a este avance, los principales medios de comunicación peruanos persisten en su crisis y aumentan peligrosamente la presión a través de insultos y medias verdades contra los ministros y la propia presidenta. Su consigna parece ser sacarla de la presidencia, porque eso empodera a los medios opositores que buscan vengarse de que una presidenta débil, sin representación parlamentaria, mujer, proveniente de los Andes y quechua hablante, haya tenido la temeridad de ignorarlos. Esto me resulta realmente preocupante”.
Como sabemos, la economía peruana ha experimentado un crecimiento significativo en las últimas décadas, consolidándose como una de las más dinámicas de la región. Sin embargo, en los últimos años, el país ha enfrentado desafíos importantes que han afectado su desarrollo.
La sucesión de seis presidentes en apenas cinco años nos llevó al borde del abismo, mientras los radicalismos de extrema derecha e izquierda intentaban hacerse con el poder tras la caída del nefasto gobierno de Pedro Castillo.
Es momento de que los demócratas tolerantes de la derecha, el centro político y los sectores democráticos de la centroizquierda construyan junto al gobierno una etapa de paz y de aceleración de reformas que enfrenten los actuales desafíos, como:
1. Dependencia de los commodities. La economía peruana sigue siendo altamente dependiente de la exportación de recursos como el cobre, el oro y el petróleo, lo que la hace vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales.
2. Infraestructura. Aunque la inversión en carreteras, puertos y aeropuertos ha sido importante, aún falta mayor dinamismo. La ausencia de vías limita el crecimiento económico y la competitividad del país. Es urgente iniciar la construcción de ferrocarriles y carreteras estratégicas, como la Panamericana Norte, la Longitudinal de la Sierra y las vías de penetración hacia la selva.
3. Corrupción. Hasta el momento, este gobierno muestra resultados tangibles: no existen denuncias que involucren a la presidenta ni a sus ministros en escándalos de corrupción. Sin embargo, la corrupción en los gobiernos subnacionales y la excesiva burocracia siguen siendo obstáculos graves para el desarrollo y la inversión.
El Perú tiene la oportunidad de diversificar su economía y reducir su dependencia de los commodities. Ello puede lograrse impulsando sectores como la agricultura, la manufactura y el turismo.
En este contexto, la inversión en educación que impulsa el ministro Morgan Quero, con un esfuerzo histórico en el sector, está contribuyendo a mejorar la calidad del sistema educativo, lo que se refleja en una mayor productividad y competitividad de la economía peruana.
Asimismo, el Perú puede aprovechar su ubicación geográfica y su participación en la Alianza del Pacífico para fortalecer su integración regional y aumentar su comercio internacional.
En conclusión, la economía peruana enfrenta desafíos considerables, pero también oportunidades significativas para crecer y desarrollarse. Para aprovecharlas, es fundamental que el gobierno y el sector privado trabajen juntos en la diversificación económica, la inversión en infraestructura y la educación. Solo así el Perú alcanzará su pleno potencial y mejorará la calidad de vida de sus ciudadanos.
El verdadero enemigo no está en el gobierno de la presidenta Dina Boluarte. El enemigo está en los eternos desestabilizadores de la democracia, la gobernabilidad y el Estado de derecho.

















