Por: Américo Solis
Las marchas y manifestaciones son un derecho en un gobierno democrático como el que tenemos. Todos podemos ejercerlo libremente. En el caso de la movilización de hoy, esta responde a diferentes colectivos de la sociedad que, sin haberse puesto de acuerdo entre sí, aseguran que tomarán parte en ella. Me refiero a transportistas, comerciantes, organizaciones indígenas, ronderos, entre otros.
Pero, por favor, no le quitemos el derecho a nuestros jóvenes que se sienten inconformes y buscan expresar su malestar frente a la situación del país. Lo que no debemos hacer es aprovechar esas circunstancias para manipular su descontento ni seguir abonando al deterioro que atravesamos. No generemos violencia; actuemos con inteligencia y prudencia. Cuidemos su integridad y brindémosles seguridad. Marchemos por la paz pero que no acabe en una guerra con consecuencia que lamentar.
Resulta que ahora los referentes de la llamada “marcha del pueblo”, que dice tener como bandera a la “Generación Z”, son algunos artistas que han anunciado su presencia “dando el pecho” en esta movilización por la “Defensa de la Democracia en el Perú”.
Entre ellos, Mónica Sánchez, a quien muchos recuerdan abrazada de doña Susana Villarán, la exalcaldesa que admitió haber recibido millones de una empresa brasileña y ahora es juzgada por corrupción. También figuran Lucho Cáceres y Mayra Couto, defensora del llamado “lenguaje inclusivo”, que rompe con las reglas del español y poco tiene de inclusivo cuando existen formas más auténticas de serlo, como respetar a los demás sin importar su género.
Y, por supuesto, Tatiana Astengo, quien en sus tiempos mozos intentó ser periodista sin éxito y que, ya madura y tras probar suerte también en la actuación sin mayor fortuna, vuelve a escena, esta vez gritando consignas en las calles. A ellos se suma Paulina Bazán y otros rostros que leen con entusiasmo su libreto en los clips grabados para promocionar la marcha.
Yo no los veo auténticos. Más bien, aprovechan el escenario con propósitos individuales que poco tienen que ver con la razón de esta convocatoria. Tampoco son un ejemplo para nuestros jóvenes. Su desenfado resulta más mediático que comprometido, y no puede ocultar el figuretismo que hay detrás de su participación en estas acciones masivas. Esperemos no verlos, como ya nos tienen acostumbrados, sacándose selfies en actitud frívola y figureti para luego colgarlas en sus redes y proclamarse héroes individuales del reclamo ciudadano

















