Por: Américo Solis
Estoy leyendo y escuchando opiniones sobre la victoria de Alianza Lima en la Bombonera, y siento que se ha exagerado un poco el alcance de este logro. Claro, el equipo avanzó a la Fase 3 de la CONMEBOL, eliminando a Boca Juniors, lo cual es un hecho significativo, pero algunos comentarios parecen dar una dimensión casi épica a lo sucedido. Es cierto que la Bombonera tiene una gran carga simbólica, recordándonos aquel histórico partido en 1969, cuando la selección peruana eliminó a Argentina para el Mundial México70, en ese mismo escenario. Sin embargo, creo que es importante contextualizar y no perder de vista que cada logro tiene su propio mérito en su tiempo.
La victoria de Alianza Lima es importante, pero hay que tomar en cuanta que Boca Juniors, hoy, está muy lejos de lo que fue en su época dorada, cuando dominaba el fútbol mundial. A principios de los 2000, el equipo alcanzó su mejor momento, conquistando la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental en dos ocasiones, bajo la dirección de un exitoso Carlos Bianchi. Esa etapa marcó al club como uno de los más grandes, no solo de Argentina, sino del continente.
Hoy, Boca Juniors sigue siendo un club importante, con títulos recientes como la Copa de la Liga en 2020 y 2022, pero ya no es el mismo equipo que en su mejor época alineaba a figuras como Maradona, Palermo, Córdoba, los hermanos Barros Schelotto, y el propio Riquelme, quien hoy ocupa la presidencia del club. El tiempo y los cambios en el fútbol han hecho que Boca sea un equipo diferente, aunque su legado sigue siendo respetado.
La prensa deportiva argentina, conocida por su estilo crítico, no tardó en lanzar duras críticas hacia el delantero uruguayo Edinson Cavani, quien tuvo la oportunidad de sellar el 3-1 a favor de Boca en La Bombonera, pero erró de manera inexplicable un gol bajo el arco. Del mismo modo, las críticas se centraron en Juan Román Riquelme, quien fue blanco de una fuerte reacción por parte de los hinchas. Desde la tribuna le gritaron de todo, y en la Bombonera, el público coreaba «¡que se vayan todos!», reflejando el malestar y la frustración que se vivieron en ese momento.


















