Por: Américo Solis
Tal vez la reacción frente a la conducta de Ricardo Morán pueda parecer exagerada; sin embargo, lo que sí resulta inaceptable es que alguien aproveche su papel protagónico en la televisión para agredir o faltar el respeto a las personas, una actitud que, lamentablemente, ya le es habitual.
En la reciente edición del programa concurso Yo Soy, transmitido por Latina, Morán volvió a generar polémica con una conducta que no es nueva en su trayectoria. Esta vez, al recibir a un participante que, al ser consultado por su nombre, respondió primero agradeciendo a Dios, Morán replicó con la frase: “¿En primer lugar agradecer a Dios, eso es completo o cuál es el apellido?”. La reacción fue interpretada como burla y como un acto que puede entenderse en el marco de una discriminación, al menos simbólica, hacia las creencias del concursante.
El incidente ha escalado al punto de que se interpuso una denuncia penal contra Ricardo Morán y Latina TV por una presunta violación del artículo 323 del Código Penal, que sanciona actos de discriminación. Mientras tanto, en redes sociales, los seguidores del programa expresaron indignación, calificando los comentarios como ofensivos y una burla de carácter religioso.
Lo cierto es que Morán no es ajeno a este tipo de episodios. Sus desplantes han sido parte de la recordación que deja en el público cada vez que se sienta en un jurado televisivo. Pero una cosa es ejercer la crítica, necesaria y legítima en un concurso de talentos, y otra muy distinta es traspasar el límite del respeto, convirtiendo la figura del jurado en un espacio para la humillación.
Y ustedes, ¿ qué opinan? ¿Es tanta la falta de este señor que incluso justifica pedir su separación del programa, o solo se trata de una de esas anécdotas cotidianas en este tipo de formatos televisivos?

















